17 de abril de 2018

Animal Kingdom, el lado más oscuro de la familia

Por Pau Jané

2010 fue un gran año de cine: Origen, La red social, Toy Story 3, Los chicos están bien… Por ese motivo, decir que Animal Kingdom fue una de las mejores películas estrenadas en este periodo (en el Top 3 según Quentin Tarantino) es decir mucho. Ahora que ya han pasado 8 años de su estreno y poseemos un poco más de perspectiva sobre el contexto sociocultural alrededor del filme podemos re-evaluarla y ver la influencia que ha ejercido en historias posteriores. Analicemos, pues, en detalle las cualidades de este filme sobre los altibajos de una familia criminal melbourniana.
Al visionar Animal Kingdom por primera vez probablemente concluiréis que este ambiente familiar tan cerrado, tenso y rígido, aunque muy bien retratado en la película, daba para mucho más. Efectivamente, en 2016 se estrenó una serie homónima con los mismos personajes (pero ambientada en el sur de California) que ya ha acabado su segunda temporada (hay una tercera en camino) y que ha sido recibida muy positivamente. El guion que firmó en 2010 David Michôd (también director del filme) posee una gran densidad narrativa y el rico subtexto de cada escena apunta a interesantes conflictos a explorar y debatir. Por ejemplo, el ritual de besarse en la boca entre familiares. Además, casi todos los personajes tienen dinámicas dignas de estudio con los otros lo que nos lleva al segundo punto.
El guion está muy bien escrito y los personajes excelentemente trazados pero todo esto sería en vano si no hubiera un magnífico reparto encarnándolos. Y Animal Kingdom lo tiene, vaya si lo tiene. El principal peso dramático de la película lo lleva a sus espaldas el casi debutante James Frecheville puesto que su punto de vista, sobre todo al principio cuando se introduce a la vida familiar de los Cody, es similar al de la audiencia. A su alrededor, la crème de la crème del talento interpretativo de Australia, transversal en todas las generaciones, Jacki Weaver (nominada a mejor secundaria en los Oscar por este papel) y Joel Edgerton (quien ayudó a levantar el proyecto) y el no australiano pero sí talentoso Guy Pearce.
Otra sensación que mucha gente experimenta con Animal Kingdom es que en cualquier momento puede haber una explosión de violencia. Esta tesis es mostrada de forma muy directa e impactante en la secuencia inicial en la que la madre del protagonista sufre una sobredosis mientras él mira la televisión. El caos irrumpe cuando menos te lo esperas insertando en la audiencia un sentimiento de indefensión.
Al mismo tiempo, el filme es una tragedia premonitoria, un relato moral del ocaso de una familia criminal que castiga a sus miembros por sus acciones pasadas. Mientras que, como hemos comentado, los momentos violentos son anti climáticos aquellos en los que los personajes se dan cuenta de que no tienen control sobre la desintegración de este núcleo familiar son los momentos de más alta intensidad. En este tipo de escenas que aparecen en numerosas ocasiones a lo largo de la cinta el uso de la música es crucial para captar el estado emocional del personaje y plasmar cómo intenta luchar o se rinde ante lo inevitable.
¿Creéis que Animal Kingdom se merece el estatus de gran película o fue otro de esta serie de fenómenos anuales que son elogiadas por encima de sus posibilidades? Aprovechad que a partir de este jueves la cinta estará disponible en nuestra Filmoteca y en Paramount Replay para re-visitarla y establecer vuestra propia opinión.
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